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Desde hace más de dos décadas se ha vaticinado la muerte del dinero en efectivo. Pero la realidad es que el dinero digital aun están  lejos de sustituir al efectivo, que sigue siendo el rey de las transacciones en el día a día.

Todavía se está esperando por la revolución que haga extinguir al efectivo. Es cierto que hoy podemos conectarnos al instante con cualquier lugar del mundo y hablar a través de audio o video, enviar fotografías. Pero el dinero sigue siendo complicado de transferir, si, incluso con  los Apple Pay, PayPal, Google Wallet, MasterCard, Visa, M-Pesa, Bitcoin y el resto de las criptomonedas que le han seguido.

Incluso con todos estos medios de pago emergentes, no se ha logrado superar al efectivo. A pesar de que cada vez se usan más estos medios, el efectivo sigue representando la amplia mayoría de las transacciones monetarias en el mundo. Es cierto que un gran porcentaje de la población usa tarjetas de débito o crédito y las formas de pago digitales están en boga ¿Pero que soporta todas esas transacciones? Los billetes de siempre.

Hay muchas razones por las que es así. Primero que nada el efectivo es conveniente, es privado e intuitivo. Además, no provoca costos específicos a la transacción, como el incremento de precio por pagar con tarjeta de crédito, o las comisiones bancarias o del mismo PayPal.

No obstante, el efectivo es complicado de almacenar y llevar. Puede ser robado o falsificado y con solo tenerlo en mano pierde poder adquisitivo con el tiempo. Además, no puede transferirse fácilmente en largas distancias. Por eso se necesita una moneda digital que sirva y que genere la misma confianza que el efectivo, sin tantos obstáculos.

El dinero es lo que la gente cree que es dinero

Dinero Efectivo Euros Dólares

¿El papel moneda tiene valor realmente? Solo el que le damos con nuestra confianza

El problema para la tan cacareada transición a formas de dinero digital es de confianza. No por nada el dinero tiene milenios existiendo, porque es algo tangible. Las sociedades sin dinero del pasado recurrían al trueque de bienes y servicios, pero llegó un punto en que dejó de ser conveniente. Los metales preciosos convertidos en monedas fueron la solución y al tratarse de metales escasos de valor elevado, crearon confianza en las personas.

Pero pronto el dinero dejó de ser simplemente monedas. No era sencillo transportar enormes cantidades de monedas para hacer compras importantes, por lo que surgieron los billetes. Papeles que actuaban como un cheque al portador y que tenían un valor impreso que representaba su equivalente en esos metales preciosos. Para poder proteger el dinero, surgió la banca, donde se almacenaban estos billetes.

Después, para no usar los billetes directamente en grandes transacciones, surgió el instrumento del cheque y los depósitos. Con estas herramientas se hizo más conveniente el proceso de intercambios.

La aparición de las tarjetas de débito y de crédito continuó esta tendencia de simplificar las transacciones, recurriendo ahora a medios electrónicos. Todo indica que el siguiente paso es eliminar el dinero tangible en efectivo, que en esencia se usa cada vez menos. Sin embargo, la mayoría de los métodos actuales de dinero digital siguen requiriendo que el dinero tenga correspondencia en divisas físicas, de otro modo ¿Qué las avala?

Si sumamos a eso las preocupaciones con la seguridad y que las formas de pago digital, con dinero físico o con criptomonedas, siguen dejando un rastro, es difícil decir que estamos más cerca de la desaparición de los billetes y monedas.

El temor al cambio

En el fondo es un tema de temor al cambio. Eso y el hecho de que las criptomonedas aun tienen inconvenientes como método de pago. Bitcoin con su sistema de seguridad en servidores privados en todo el mundo, podrá ser muy revolucionario, pero ¿Quién asegura que un hacker no podría poner en riesgo la plataforma?

¿Y que sucede si falla el Internet o se cae la electricidad? ¿Cómo pagas en un mundo en el que eso es tan factible? No obstante, es imperativo pensar en como evolucionar en la dirección del dinero digital, incluso en estas circunstancias. Un caso revelador es el ocurrido en la India, donde se retiraron algunos billetes de circulación para evitar el contrabando –muy similar a la medida que se intentó implementar en Venezuela- lo cual impulsó el uso de métodos digitales de pago y criptomonedas.

Cerca del 86% del dinero en efectivo en circulación está siendo retirado para sustituirlo por los nuevos billetes. En el proceso los métodos de pago digitales han incrementando exponencialmente su uso.

Otro ejemplo es el de Kenia. Allí, dada la escasez de opciones bancarias, se ha hecho muy popular el sistema de pago móvil M-Pesa. Este sistema ha recibido halagos del mismísimo Bill Gates, por llevar cierta libertad económica a este país y luego a Tanzania, donde también se ha implementado.

Pero incluso estos servicios también tienen elevados costos por transacción. Pero hasta que no se estandaricen este tipo de servicios, se establezcan normas de juego equivalentes en todo el mundo y tasas de comisiones más bajas, será difícil que se sustituya del todo al dinero. Sin contar con que los billetes seguirán siendo lo que soporte todo el sistema.

La idea utópica de que el dinero sea totalmente anónimo y escape de las regulaciones de gobiernos y entes reguladores, por ineptos que sean, no es práctica. Si bien la aspiración de una criptomoneda para empoderar a los individuos es loable, se necesitan instituciones que regulen el proceso para proteger la integridad y el valor de las monedas que se usen. Esa clase de reconocimiento toma tiempo, ya que nadie hará transacciones basado en la fe ciega.

Al final, la transición a una sociedad sin efectivo requiere que la tecnología emule las ventajas del efectivo y elimine sus desventajas. Y aunque la idea suena muy bien, aun no estamos en ese punto.

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