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Contemos la pequeña anécdota de cuatro amigos, Ana María, Elizabeth, Juan Alberto y Jaime, que salen de copas una noche, para lo que se acercan a una de las zonas de moda. Al llegar se encuentran una larga calle con multitud de locales a derecha e izquierda, y con una horda de personajes, en busca de historias de una noche, que los llena, así como una procesión de romeros en busca de su virgencita de la barra.
Subiendo la calle ven un local con la vidriera llena de esa pintura blanca tan especial con la que se pintan los espacios vacíos, y un cartel con dos palabras, “Se alquila”.
Elzabeth piensa en alto:
“Si tuviese dinero, lo alquilaría y me montaría un local. Fijaos la cantidad de gente que hay dentro de los bares y en la calle. Triunfaría, seguro”
Jaime replica:
“La idea no está mal, Eli, pero, al final lo que estás haciendo es repartir los clientes que ya existen entre un local más, no está haciendo nada que atraiga a más clientes, por tanto lo máximo que puedes lograr es un reparto de beneficios.
Lo que yo haría, sería mirar bien primero todos los bares que hay, preguntar qué tal les va y luego, si me dicen que bien, montaría un local diferente a los existentes, para que fuese único y especial, con ese bar me forraría”.
Juan Alberto, se lo piensa un poco, menea la cabeza hacia los lados y tras meditarlo unos segundos comienza:
“Vale, aunque le veo peros, me parece mejor idea que la de Eli, planteas hacer un pequeño estudio de los bares de la zona, con lo que ya conoces a la competencia, tienes la intención de montar un bar diferente y eso podría añadir otro tipo de público que vaya buscando lo que tú propones, pero, no estás contando con que, tal vez, a ese público no le guste esta zona, que puede que pierdas al público que ya tienes aquí, que puede ser que un tipo de bar diferente no le llame la atención, porque se sale de la idiosincrasia de la zona.
Te has centrado en el producto, pero no en los clientes. Además, al final, sigue siendo un local de copas, más de lo mismo.
Yo, con este local, haría un lugar de comida rápida y barata, para los que quieren iniciar la noche teniendo algo en el estómago que les ayude a que la bebida no se les suba demasiado y para los que acaban la noche hambrientos, que puedan comer algo antes de irse a casa a dormir”.
En ese momento, todos se giran hacia Ana María, que es la única que aún no ha dicho nada, y la miran con una interrogación en la mirada, Ana María les devuelve la mirada y les dice:
“Evidentemente, la idea de Juan Alberto me parece la mejor. Sin competencia, novedosa en la zona, absolutamente complementaria con la actividad de los locales, que si triunfa puedes crearlo o franquiciarlo en otros lugares, aunque es fácil de replicar, si va bien, alguno de los abres puede incorporar algo de comida rápida que no necesite comida, necesita permisos especiales y personal especializado, pero la idea está bien”.
Juan Alberto, sonríe y le dice a Ana María”:
“Ya sabemos que mi idea no te convence. Y tú ¿Qué propones”.
Ana María le mira y replica:
“Viendo la cantidad de bares que hay, yo prefiero hacer algo que les dé servicio a los bares, en lugar de a los que salen de copas. Por eso. Pondría un servicio integral de gestión de los bares, desde reponer los vasos que cada noche se rompen, hasta realizar los pedidos de bebida y comida. Actuaría de manera centralizada, para poder tener mayor poder de negociación y conseguir mejores precios, mi misión sería ganar dinero haciéndoles ganar dinero a ellos y quitándoles preocupaciones.
Además, es un servicio que no tiene visibilidad, por lo que replicarlo es difícil, eso hará que no tenga competencia y una vez asentado me puede servir para replicarlo en otras zonas”.
Con esta pequeña historia hemos visto cuatro tipologías de empresarios, la del seguidista, aquel que ve que algo funciona y lo copia tal cual. La del seguidista innovador, parecido al anterior pero buscando un punto distintivo. La tipología del observador complementario, que ve lo que hay, lo estudia y busca la manera de lograr beneficios con una actividad complementaria a la ya existente. Por último, encontramos la tipología del emprendedor, que ve más allá de donde otros ven y plantea soluciones que generan un nuevo negocio. ¿Con cuál te identificas?
Hay muchas tipologías más. Pero pertenecen a otra historia en las que nos están incluidos estos cuatro amigos.