¿Qué buscan las empresas en los graduados MBA?

 

“Las empresas lo único que desean para sus equipos directivos es talento”

Es decir, en lenguaje coloquial, que las empresas y otras organizaciones, públicas y privadas, “compran” talento.

Aquí empieza la reflexión que nos hacemos los profesionales: ¿Tengo yo talento? ¿Cuánto tengo? ¿Cuánto vale mi talento?

Y, tal vez, la más relevante, la que exige que tomemos decisiones: ¿Puedo hacer algo para aumentar mi talento?

Y a esta pregunta, la respuesta, así de sencilla, es la que puede llevarnos a cursar un MBA.

Se dirá, con razón, que no es la única, que hay otras. Es cierto, pero de lo que no cabe duda es que está demostrado que es una inversión de tiempo – personal y familiar – y de dinero, con un retorno muy garantizado y a un plazo siempre muy razonable.

¿Qué es el talento? ¿Cómo lo reconozco en mí, y cómo lo hago ver a los que pueden valorarlo e interesarse por él en mi vida profesional?

En una definición breve, es un conjunto de “virtudes humanas”.

Pero conviene no olvidar que todas ellas acaban siempre por tener un reflejo en la actividad profesional que es, al final, a lo que dedicamos la mayor parte del tiempo de nuestra vida.

 

 

Las virtudes humanas se pueden dividir en personales y las profesionales:

1. Entre las primeras, las humanas, dos tipos: las “innatas” y las “adquiridas”. Confieso que no sé muy bien cómo se reconocen las innatas, ¿Es innata la bondad, la constancia, la serenidad, la capacidad de relación con otras personas, la de trabajar en equipo, la de negociación, la de preocupación social y la solidaridad?

No lo sé. Nadie puede decir, a la vista de un recién nacido, que será una persona prudente.

En cambio, sí me atrevo a decir que la familia condiciona las virtudes de la persona y, por lo tanto, el talento. Observar a la familia en la que va a crecer y desarrollarse como ser humano una persona, da bastantes pistas de lo que podremos encontrar en esa persona cuando sea adulta.

Las virtudes personales “adquiridas” son el producto del impacto en la persona de la familia, de la educación recibida, de su tipo, sus valores, de los responsables que la hacen posible, de las amistades y afines, por ejemplo, en el deporte, etc…

Como comentábamos, por muy “personales” que las califiquemos, tienen siempre una expresión – y son reconocibles – en el profesional adulto.

Y se juzgan, y se valoran, positiva o negativamente, y son parte del “talento” que las empresas van buscando.

2. Las virtudes “profesionales” están condicionadas, en su base, por todo lo anterior, y nacen de dos factores: la experiencia, o aprendizaje, y la formación continua o capacitación. Y aquí volvemos a encontrarnos con los programas MBA como ayuda eficaz.

El aprendizaje es una forma de desarrollo profesional, desde luego útil. Tiene mucho que ver con el proceso de madurez gradual de la persona.

Pero tiene dos inconvenientes: es lento, y, normalmente, es especializado.

Un contable o financiero será excelente a los cuarenta, mucho más que a los treinta. Y, casi seguro, será un “campeón”… de la contabilidad.

Un comercial tendrá muchas más tablas, cerrará más ventas, dará un magnífico trato a sus clientes, desarrollará ideas y métodos novedosos… a los cuarenta que a los treinta. Otro líder…de “lo” comercial.

Cursar un MBA es una forma de avanzar más rápido en la creación de nuestro “perfil de talento” y de hacerlo con una visión mucho más amplia de las distintas tareas que, en una empresa, componen la gestión de los negocios con éxito.

Nuevo llamado a la acción

 

¿Y este “milagro” por qué sucede? Nos preguntaremos ¿Dónde está el secreto? ¿Es un MBA la nueva “piedra filosofal” que transforma todo en oro?

(Siempre pensando en los que proponen instituciones y escuelas serias y prestigiosas; atención y rigor en esto, ¡Nos jugamos mucho tiempo, dinero, e ilusiones, sueños y proyectos que podrían no verse realizados!)

¿Convierte un MBA, como en el cuento de H.C. Andersen, a un patito feo en un cisne blanco del talento?

De ningún modo, pero ayuda.

La explicación está en que un MBA prestigioso trabaja en dos cuestiones que no son sencillas de adquirir durante una carrera profesional, ni, en el mejor de los casos, el éxito, rápidas.
La primera es la toma de decisiones. La segunda es la observación de todas las actividades especializadas que, en su conjunto, forman una organización que es capaz de alcanzar sus objetivos.

1º  La toma de decisiones no es una habilidad frecuente. Hay personas que nunca lo consiguen, se paralizan. La Historia está llena de políticos, de militares, de hombres de ciencia, etc., que fracasaron por no ser capaces de decidir.

Y muchas veces, dramáticamente, no porque no lo vieran o porque tuvieran un diagnóstico equivocado de la situación. Lo veían, pero no fueron capaces de decir sí o no, blanco o negro. Y fracasaron.

Por eso, en las escuelas de negocios y en los programas MBA, el análisis riguroso, con detalle, dedicando tiempo, es necesario, imprescindible, pero no suficiente.

Las sociedades, las organizaciones, las empresas, las familias, o las personas, no avanzan por el análisis, por muy acertado y brillante que sea.

Avanzan al decidir.

Y equivocarse. Y rectificar, con más elementos de juicio. Y volver a decidir.

Un MBA es un ejercicio de gimnasia intelectual, que se repite una y otra vez.

Los profesores planteamos cientos de situaciones empresariales y preguntamos a los participantes una sola pregunta: ¿Tú qué harías?

No hay riesgo, estamos en la universidad, pero la cuestión es idéntica a las que se plantean en la realidad.

Una y otra vez. Cientos de veces. Gimnasia, deporte no evidente, el tenis, el golf, el fútbol, baloncesto, la vela, de competición.

En el llamado “método del caso”, que utilizamos en las escuelas, los alumnos han estudiado antes la situación. Y las sesiones empiezan siempre con una pizarra vacía y un profesor callado que sólo pregunta: Y vosotros, ¿qué haríais aquí? ¿Qué decidís hacer?

No expliques el diagnóstico, los datos, los números, eso lo conocemos ya todos. Hemos leído el mismo documento que tú.

Sólo te preguntaré por tu reflexión previa después de que me digas qué decides hacer. Para entender tu proceso intelectual. Gimnasia.

2º  La segunda es que, de esta forma, se hace una revisión panorámica de la empresa y sus tareas de negocio. No sólo un trozo, todas las áreas.

Para alguien que ya tiene una carrera profesional como especialista, pero con curiosidad, inquietudes intelectuales, avidez de mejorar su talento, suena interesante ¿no?

Un financiero decidirá sobre situaciones de recursos humanos, un contable sobre la forma más eficaz de crear o gestionar redes comerciales, un jurista sobre lanzar o no una nueva línea de productos.

Por eso, el resultado final es gente con “más” talento.

Una persona que es capaz de tomar decisiones serenas, razonadas y determinadas, firmes; y que además “habla y entiende” la lengua de todas las áreas de su empresa, que ninguna le es ajena, porque las conoce, es alguien deseable para mi empresa, ¿No les parece?

 

Nuevo llamado a la acción

 

Rafael de Lecea 20/09/2017